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En el metro |
SOFÍA ROS GONZÁLEZ
2º ESO-A
ENCERRADOS EN EL METRO
Como cada día, desde hace más de un año Juan sube en la parada Plaza de Castilla, línea 1 del metro madrileño. Siempre de lunes a viernes a las 8:30 de la mañana. Hora punta: se respira un ambiente hostil. Empujones y prisas descontroladas, locura extrema.
Perfectamente camuflado, Juan ha estudiado como pasar desapercibido, con su gorro de montaña y los auriculares conectados a su ipod 3. Escucha una y otra vez su monótona lista de reproducción. El mismo pensamiento recorre su mente una vez más "parecemos sardinas dentro de una lata". Esta es la peor parte. Pronto, dentro de dos paradas, casi todo el mundo desaparece. Es la parada del Corte Inglés.
Ana lleva un buen rato deseando sentarse. Por fin llega el momento. Saca su iphone 6, última generación y revisa su Instagram. Siempre la misma rutina. ¿Cuál será la música que escucha el chico del gorro todos los días? Tiene pinta de rapero, ¿será famoso?, ¿tendrá una casa en Miami? Todos los días cruzamos una mirada de complicidad-piensa-pero aún no he oído su voz.
Juan espera ansioso este momento cada mañana. Mira tímidamente a la chica morena de la chaqueta Napajiri de color rosa y se pregunta por qué nunca se ha atrevido a hablar con ella. Él siempre ha sido un poco vergonzoso.- Es una chica muy guapa-piensa- debe de se una modelo conocida. Su vida debe de estar llena de grandes emociones, no como la mía.
Ramón los observa mientras relee el tercer libro de su propia trilogía. Al fin y al cabo, solo es un viejo escritor que nadie recuerda. Nadie se fija en él. Ahora trabaja en un bar del centro de Madrid. Desde hace unos meses, sentado siempre en el mismo asiento del metro, lleva observando a estos dos jóvenes día tras día.Los dos suben en la misma parada cada día, y esperan a que se vacíe para acomodarse e intercambiar tímidas miradas. Piensa que harían una buena pareja. Podría ser el inicio de su próxima novela. El destino tiene dos caminos paralelos que no se cruzan.
De repente, algo inesperado. El tren se detiene bruscamente. Se apagan las luces y se enciende las de emergencia. Un murmullo recorre el vagón. Un sentimiento de rabia e indignación se apodera de los viajeros:
-¡Lo que faltaba!-se escucha por ahí.
-¡No hay derecho!- dice una mujer mayor
-Menos mal que me he traído el bocadillo...-dice un niño que no tendrá más de catorce años.
Juan piensa que llegará tarde al trabajo, y mirando a Ana se le escapa den voz alta:
-Si llego tarde me van a quitar la hora del almuerzo-dice sonriendo, y viendo que ella va a llegar tarde al trabajo y puede que la despidan.
-Al menos oigo su agradable voz-piensa un poco decepcionada de que no sea una estrella en el mundo de la música y se atreve a decir en voz alta:
-Ya somos dos-añade sin separar la vista de su preciado teléfono móvil.